06 marzo 2017

Quiero vivir en estado de aloha por el resto de mis días

“Aloha para aprender lo que no se dijo,
para ver lo que no puede ser visto
 y para conocer lo incognoscible.”
- Queen Lili'uokalani
 ¿Qué significa “Aloha”?
Aloha es la palabra “más hawaiana” conocida, puede significar hola o adiós. También significa amor y afecto
La palabra aloha se utiliza en combinación con otras palabras tales como: aloha kakahiaka, que significa buenos días; aloha auinala, que significa buenas tardes y aloha ahiahi, que significa buenas noches. 
Gracias al significado único y la popularidad del aloha, Hawaii es denominado “El Estado de Aloha”.

Aloha es un símbolo de Hawaii. Su significado va más allá de todas las definiciones que se puedan encontrar en los diccionarios.
La cultura de Hawái define el “Espíritu Aloha” como la motivación que se expresa a través de la alegría, la cortesía, la simpatía y razonabilidad, y no obviando otros aspectos como serenidad, sensualidad y un sano orgullo. En su tradición, se considera que la motivación Aloha cura el espíritu y el cuerpo y contagia felicidad.


¿Qué es el Espíritu Aloha?
El significado literal de aloha es “la presencia de la respiración” o “la respiración de la vida”. Viene de “alo” que significa presencia y “ha”, que significa respiración. Aloha es una manera de vivir y de tratar a los demás con amor y respeto. Su profundo significado comienza enseñándonos a amarnos a nosotros mismos para así poder amar a los demás.
De acuerdo con los viejos kahunas (sacerdotes), ser capaz de vivir el espíritu aloha era una manera de alcanzar la perfección y realización de nuestro propio cuerpo y alma. Aloha es dar y recibir energía positiva. Aloha es vivir en armonía. Cuando se vive el espíritu aloha, se crean sentimientos y pensamientos positivos duraderos. Estos sentimientos existen, se multiplican y se comparten con los demás.


 El espíritu aloha es considerado una “ley estatal”.* Aunque la palabra ley suene demasiado estricta y fuerte, el espíritu aloha no es del tipo de leyes que pueden generar problemas si se rompen. Su mayor propósito es que sirva como recordatorio a los oficiales del gobierno cuando cumplen con sus obligaciones para tratar a los demás con profundo cuidado y respeto, igual que lo hicieron sus ancestros. El espíritu aloha es más una lección que una ley. El hecho de aprender y aplicar esta lección en la vida real hace que los oficiales del gobierno pueden contribuir a hacer un mundo mejor, un mundo lleno de aloha.

El "Aloha Spirit." es la coordinación entre la mente y el corazón de cada persona. Lleva a cada individuo a su propio ser. Cada uno debe pensar y expresar sus emociones a los otros, en la presencia de la fuerza vital

Aloha
es más que una palabra para decir como bienvenida o despedida.

Aloha significa aprecio, afecto mutuo y calidez en ser atentos con los demás sin esperar nada a cambio.

Aloha es la esencia de las relaciones en las cuales cada persona es importante para la existencia colectiva.



02 marzo 2017


This song says:
no matter who you are,
  
no matter where you go in your life.

At some point you're going to need somebody to stand by you




¡Oh! CASABLANCA 

01 marzo 2017

Just one thing everybody wants
There in the bars
And through the smokescreen of the crowded restaurants
It's love
            Yes, all we're looking for, is love from someone else.




Leía en sus ojos los millares de veces que había imaginado aquel momento, los escenarios que había construido a nuestro alrededor, el corte de pelo que yo debía de llevar y el color de mi ropa. Yo quería decir «sí», que sería bienvenido, que mi corazón había ganado la batalla. Quería decirle cuánto lo amaba, cuánto lo deseaba en aquel momento.
Pero continué en silencio. Asistí, como en un sueño, a su lucha interior. Vi que tenía ante él mi «no», el miedo de perderme, las palabras duras que había oído en momentos semejantes, porque todos pasamos por eso, y acumulamos cicatrices.
Sus ojos empezaron a brillar. Sabía que estaba venciendo todas aquellas barreras.
Entonces solté una de sus manos, cogí un vaso y lo puse en el borde de la mesa.
— Se va a caer —dijo él.
— Exacto. Quiero que tú lo tires.
— ¿Romper un vaso?
Sí, romper un vaso. Un gesto aparentemente simple, pero que implicaba miedos que nunca llegaremos a entender del todo. ¿Qué hay de malo en romper un vaso barato, si todos hemos hecho eso sin querer alguna vez en la vida?
— ¿Romper un vaso? —repitió—. ¿Por qué?
— Podría dar algunas razones —respondí—. Pero la verdad es que es sencillamente por romperlo.
— ¿Por ti?
— Claro que no.
Él miraba el vaso en el borde de la mesa, preocupado de que fuese a caerse.
«Es un rito de pasaje, como tú mismo dices —tuve ganas de decirle—. Es lo prohibido. Los vasos no se rompen adrede. Cuando estamos en los restaurantes o en nuestras casas procuramos que los vasos no queden en el borde de la mesa. Nuestro universo exige que tengamos cuidado para que los vasos no caigan al suelo.»
Sin embargo, seguí pensando, cuando los rompemos sin querer, vemos que no era tan grave. El camarero dice «no tiene importancia», y nunca en mi vida, he visto que en la cuenta de un restaurante hayan incluido el precio de un vaso roto. Romper vasos forma parte de la vida y no nos hacemos daño a nosotros ni al restaurante ni al prójimo.
Moví la mesa. El vaso se bamboleó, pero no cayó.
— ¡Cuidado! —dijo él, instintivamente.
— Rompe el vaso —insistí.
Rompe el vaso, pensaba para mí, porque es un gesto simbólico. Trata de entender que yo rompí dentro de mí cosas mucho más importantes que un vaso, y estoy feliz de haberlo hecho. Mira tu propia lucha interior, y rompe ese vaso.
Porque nuestros padres nos enseñaron a tener cuidado con los vasos, y con los cuerpos. Nos enseñaron que las pasiones de la infancia son imposibles, que no debemos alejar a hombres del sacerdocio, que las personas no hacen milagros, y que nadie sale de viaje sin saber adónde va.
Rompe el vaso, por favor, y libéranos de todos esos conceptos malditos, de esa manía de tener que explicarlo todo y hacer sólo aquello que los demás aprueban.
—Rompe ese vaso —pedí una vez más.
Él clavó su mirada en la mía. Después, despacio, deslizó la mano de la mesa hasta tocar el vaso. Con un rápido movimiento, lo empujó al suelo. El ruido del vidrio roto llamó la atención de todos. En vez de disfrazar el gesto con alguna petición de disculpas, él me miraba sonriendo, y yo le devolvía la sonrisa.
 — No tiene importancia —gritó el chico que atendía las mesas.
Pero él no le oyó. Se había levantado, me había cogido por los cabellos y me besaba.
Yo también lo cogí por los cabellos, lo abracé con toda mi fuerza, le mordí los labios, sentí que su lengua se movía dentro de mi boca. Era un beso que había esperado mucho, que había nacido junto a los ríos de nuestra infancia, cuando todavía no comprendíamos el significado del amor. Un beso que quedó suspendido en el aire cuando crecimos, que viajó por el mundo a través del recuerdo de una medalla, que quedó escondido detrás de pilas de libros de estudios para un empleo público. Un beso que se había perdido tantas veces y que ahora había sido encontrado. En aquel minuto de beso estaban años de búsquedas, de desilusiones, de sueños imposibles. Lo besé con fuerza. Las pocas personas que había en aquel bar debieron de mirarnos y pensar que aquello no era más que un beso. No sabían que en ese minuto de beso estaba el resumen de mi vida, de su vida, de la vida de cualquier persona que espera, sueña y busca su camino bajo el sol. En aquel minuto de beso estaban todos los momentos de alegría que habla vivido.


Fragmento de “A orillas del río Piedra me senté y lloré” – Paulo Coelho

08 febrero 2017

FUENTE: https://www.facebook.com/metodoamarmejor/

A veces me desespero.
Porque algo me dice "ahora" y ese "algo" me desespera. Pero la desesperación es una desesperación distinta. No es ansiedad. No es mental.
La desesperación que yo tengo me nace desde el corazón. Como si mi corazón tuviera vida propia y me guiara. 
A veces, les confieso, mi corazón tiene una fuerza tan grande, tan inmensa, que me lleva puesta. Me subleva. Me revoluciona. 
Es que por eso me desespero. 
Porque el corazón me manda a hacer cosas. Y cuando esa sensación inigualable, que sale desde adentro del pecho, bien adentro, más adentro que cualquier órgano del cuerpo, me atraviesa yo ya no controlo. Ya no estoy a cargo. 
Y entonces, esa fuerza se apodera de mí y me lleva. 
A veces, me lleva a cambiar, otras a hablar, otras a callarme, otras a alejarme, otras a decir lo que tengo que decirle a otros, otras a quedarme al lado, otras a irme para no volver. Porque sino, esa fuerza interior me quema, me hace daño por dentro, me explota, me consume la energía, me desborda. 
Esa fuerza no es mía. Esa fuerza no la tengo yo. Esa fuerza es prestada. 
Y es justamente la fuerza que me quitó la venda de los ojos hace tantos años y, paradójicamente, me mostró la verdadera libertad. 
La fuerza celestial que a todos nos conduce a la nueva vida, a la nueva tierra, al nuevo mundo. 

La fuerza del amor que no podemos evitar. La fuerza del amor verdadero que a algunos locos, nos desespera.


05 julio 2016

Nada comparable a tus manos, ni nada igual al oro-verde de tus ojos. Mi cuerpo se llena de ti por días y días. Eres el espejo de la noche. La luz violeta del relámpago. La humedad de la Tierra. El hueco de tus axilas es mi refugio. Toda mi alegría es sentir brotar la vida de tu fuente-flor que la mía guarda para llenar todos los caminos de mis nervios que son los tuyos, tus ojos, espadas verdes dentro de mi carne, ondas entre nuestras manos. Solo tú en el espacio lleno de sonidos. En la sombra y en la luz; tú te llamarás auxocromo, el que capta el color. Yo cromóforo, la que da el color. Tú eres todas las combinaciones de números. La vida. Mi deseo es entender la línea, la forma, el movimiento. Tú llenas y yo recibo. Tu palabra recorre todo el espacio y llega a mis células que son mis astros y va a las tuyas que son mi luz”.(Carta de Frida Kahlo a Diego Rivera)

27 marzo 2016

Estoy harta de escuchar la frase "Como cambia la gente" o "La gente cambia", como si fuera algo malo.
A ver, entiendame:
"Ya no somos los mismos que éramos en aquel momento determinado, en el que todo nos parece tan cercano y distante a la vez: lo que éramos antes ya nunca lo seremos porque la vida nos exige cambiar. No ser “los de antes” implica tener la suerte de que las experiencias nos hayan calado y hayamos aprendido de ellas.
Muchas veces resulta muy sencillo comprobar que los que están a nuestro alrededor han cambiado y que, por por lo tanto, nuestra relación con ellos también lo ha hecho. Otras, nos parece muy complicado asimilar que nosotros también somos diferentes y darnos cuenta de que el error es mirar lo de ayer con los ojos del hoy.
...solemos definirnos en función de los acontecimientos clave que nos han marcado y que sabemos que vamos a recordar para siempre. Da igual si la experiencia es buena o mala, basta con que nos llene de sentimientos: no olvidaremos nunca la felicidad verdadera, pero tampoco habernos levantado de nuestras caídas. Lo que nos quede de ello tras haberlo pasado será el modelaje de lo que somos en el momento presente: nuestra esencia es la misma, pero ya no somos los mismos.
puede habernos ocurrido que los cambios hayan provocado rupturas: habíamos creído conocer a las personas completamente y no hemos tenido en cuenta que nunca se termina de conocer a nadie porque estamos en continuo crecimiento.
Ya no somos los mismos: El tiempo nos acciona: nos pasa por encima, nos zarandea, nos enseña, nos revela y, ante todo, no nos deja indiferentes. De hecho cualquier día, aunque parezca perdido, ha supuesto algo: decidimos constantemente y cuando no lo hacemos, nos dejamos llevar.
Lo bonito e importante es tener el valor de seguir conociéndonos y la certeza de saber cómo y quiénes somos. De esta manera, podremos darnos al resto con total plenitud y encontraremos en ellos focos de felicidad que nos llenen. En otras palabras si brillamos, con nuestros cambios, ayudaremos a brillar a los demás con los suyos."
                                  https://lamenteesmaravillosa.com/nosotros-los-de-antes-ya-no-somos-los-mismos/

29 enero 2016

Responde a lo que te he preguntado -los ojos del Mago estaban fijos en los de ella-. ¿Abandonarías todo por esa persona?
Brida sintió unas ganas inmensas de llorar. No era apenas una pregunta, era una elección, la elección más difícil que las personas tienen que hacer en toda su vida.
Ya había pensado mucho sobre esto. Hubo una época en que nada en el mundo era tan importante como ella misma. Tuvo muchos novios, siempre creyó que amaba a cada uno de ellos, y siempre vio al amor acabarse de un momento a otro. 
De todo lo que conocía hasta entonces, el amor era lo más difícil. Actualmente estaba enamorada de alguien que tenía poco más que su edad, estudiaba Física y veía al mundo de manera totalmente diferente a la de ella. Nuevamente estaba creyendo en el amor, apostando a sus sentimientos, pero se había decepcionado tantas veces que ya no estaba segura de nada. Pero, aun así, ésta continuaba siendo la gran apuesta de su vida...
Paulo Coelho - "Brida. El don que cada uno lleva dentro"
"Jamás podrás saber más allá de lo que pueda llegar a mostrarte yo. Quizás es lo mejor que puedo llegar hacer, o quizás no. Eso nunca lo vamos a saber, por qué jamás sabrás esto:
No sabrás que me encanta hablar contigo (aunque nuestras conversaciones cuanto más avanza, menos sentido tiene). No sabrás que me encanta perderme en tu mirada cada vez que te veo. Que me encanta mirarte como lo haces todo, como caminas, como hablas, como sonríes. Que me encanta cuando dejas que yo pueda contemplarte aunque solo sea por un minuto antes de volver a perderte entre la gente…
Que me gustas más que un café mañanero, o ir en otoño a la playa dando un paseo. Que me gustas más que un domingo en pijama, lluvioso, leyendo un buen libro, con un cigarrillo y una taza de chocolate caliente.

No sabrás que quiero compartir contigo todos mis momentos. Cada anécdota, cada obstáculos, o cada logro que consiga día a día. No sabrás que quiero que me cuentes toda tu vida (entre cervezas y risas). Que me cuentes que te ha pasado durante todo el día, y que planes tienes para un futuro (obviamente tampoco sabrás que quiero formar parte de ese futuro).
No sabrás que quiero conocer de ti cada detalle, cada problema que tengas (y ayudarte en todo lo que pueda y más). Que quiero conocer de ti tus mejores momentos, tu mejor risa, tu mirada más sincera. Que quiero conocer todas tus manías, tus costumbres a todas horas, conocer aún más tus puntos débiles para así poder cuidarlos. Quiero conocer tus miedos para abrazarlos.  
No sabrás que me encantaría poder verte dormir a mi lado, despertar y ver tu sonrisa.

No sabes que me encanta arriesgar, que me da igual perder, por qué siempre dicen que quien no arriesga no gana, y yo estoy arriesgando a escribir todo esto, porque pueden llegarte estas palabras, pero arriesgo por ti, por mi, por los dos.
No sabes que tiemblo con solo verte (aunque intento disimular), no sabes que mis ojos te buscan hasta cuando no estas. No sabes que eres el punto clave de mis conversaciones, que pido consejos para poder alejarme de ti sin necesidad de contarte todo esto (para no asustarte y que seas tú el que decidas irte, porque no quiero que te vayas), pero en cada consejo que me dan para alejarme busco la excusa perfecta para decir “En realidad no me gusta tanto”. 

No quiero que sepas nada de esto...."

Ps: tampoco vas a saber que no tengo miedo de aprender a quererte y que vos no me quieras, sino que me asusta más aprender a quererte y que vos no te dejes querer...
Fragmentos de "lo que no quiero que sepas" de https://cuentosinhadas.wordpress.com/

10 enero 2016

Para mañana despertar temprano, por eso de ir a trabajar, la noche ya nos tiene hace largo rato acostados.
No dormimos, sin embargo, le leo a mi chica
un poema. Sin importar de quién,
elijo un libro de una fila que se extiende
al borde de la cama. Contra la pared,
libros apoyados en el piso
que se hizo biblioteca al lado del colchón:
no sé cuál leerle, alguno corto,
alguno corto parece lo mejor.
¿Para qué se le lee un poema a una chica,
en la cama, siendo tarde y que mañana hay que ir a trabajar?
Después de escucharlo, me abraza
y no dice nada. Su piel desnuda
me da calor, así, acurrucada, y sé que cierra los ojos,
quiere dormir. Sigo leyendo
los poemas del libro cualquiera, pero pierden gracia ahora y los ojos empiezan a pesar, el velador encandila,
las letras adquieren un volumen difuso. De pronto
creo tener el tono de un poema; dejo el libro
tirado boca abajo, apago la luz y me duermo abrazado.




"Lectura" -Sebastián Hernaiz
I remember when I saw you for the first time.
You were laughing. Sparkling like a new dime 
I came over:  Hello, can you be mine?
can you be mine?can you be mine? ...


Never Let Me Go - Lana del Rey
-Te amo- le oí decir.
-Estoy aprendiendo a amarte respondí.
Él encendió un cigarrillo.
-¿Crees que llegará el momento ideal?-preguntó.
Yo sabía de qué hablaba. Me levanté y fui a sentarme en el borde de su cama.
La brasa del cigarrillo le iluminaba el rostro de vez en cuando. Me apretó la mano y estuvimos así unos instantes. Después le acaricié los cabellos.
- No deberías preguntar -respondí. El amor no hace muchas preguntas, porque si empezamos a pensar empezamos a tener miedo. Es un miedo inexplicable, y no vale la pena intentar traducirlo en palabras. Puede ser el miedo al desprecio, a no ser aceptada, a quebrar el encanto. Parece ridículo, pero es así. Por eso no se pregunta: se actúa. Como tú mismo has dicho tantas veces, se corren los riesgos.
-Lo sé. Nunca había preguntado.
-Ya tienes mi corazón -respondí, fingiendo no haber oído sus palabras.
-Mañana puedes partir, y recordaremos siempre el milagro de estos días; el amor romántico, la posibilidad, el sueño.”

Paulo Coelho -A orillas del río Piedra me senté y lloré

08 enero 2016


“El recuerdo trajo también otra escena de su infancia: Estaba en la playa con su padre, y él pidió que probara si la temperatura del agua era buena. Ella tenía cinco años y se entusiasmó de poder ayudar; fue hasta la orilla y se mojó los pies. 

-Metí los pies, está fría -le dijo. 

El padre la tomó en brazos, fue con ella hasta la orilla del mar y sin ningún aviso la tiró dentro del agua. Ella se asustó, pero después se divirtió con la broma.

-¿Cómo está el agua? -preguntó el padre. -Está buena -respondió.

-Entonces, de aquí en adelante, cuando quieras saber alguna cosa, zambúllete en ella.

Había olvidado esta lección con mucha rapidez.

A pesar de tener solamente 21 años, ya se había interesado por muchas cosas y desistido con la misma rapidez con la que se entusiasmaba por ellas. No tenía miedo a las dificultades: lo que la asustaba era la obligación de tener que escoger un camino.
Escoger un camino significaba abandonar otros. Tenía una vida entera para vivir, y siempre pensaba que quizá se arrepintiera, en el futuro, de las cosas que quería hacer ahora.  

"Tengo miedo de comprometerme", pensó. 

Quería recorrer todos los caminos posibles, e iba a acabar no recorriendo ninguno. Ni siquiera en lo más importante de su vida, el amor, había conseguido ir hasta el final; después de la primera decepción, nunca más se entregó por completo. Temía el sufrimiento, la pérdida, la inevitable separación. Claro, estas cosas estaban siempre presentes en el camino del amor y la única manera de evitarlas era renunciando a recorrerlo. Para no sufrir, era preciso también no amar. Como si, para no ver las cosas malas de la vida, terminase necesitando agujerearse los ojos.

"Es muy complicado vivir." Había que correr riesgos, seguir ciertos caminos y abandonar otros. 

Paulo Coelho – “Brida”

13 diciembre 2015

Cuando más bajos de ánimo estamos y más dudas acerca de nosotros mismos y del mundo albergamos, más significativos son para nosotros los abrazos y las muestras de interés y cariño. Cuanto más rotos estamos, más conscientes somos de cuanto queremos a quien nos quiere, a quien reserva un pedacito de sí mismo para recomponernos y mostrarnos todo el amor del que somos merecedores.


Porque los abrazos, cuando son sinceros marcan algo más que sentimientos temporales. Recomponen y sanan heridas de por vida, desdibujan el frío y condensan el calor del amor que hay entre dos personas que se quieren y que siempre estarán dispuestas a adherir sus corazones y a sujetarse ante la vida.


09 diciembre 2015

La vida es la luna eterna para los que aman con sinceridad
nunca fuimos los extraños, esos que la noche junta en un bar,
entre gente nos miramos, nos tomamos de la mano
y después de esa noche nos amamos más.
como dos viejos amantes

Hoy percibo los recuerdos..
cuando nos mirábamos en aquel bar
eso que en la vida no me fue tan mal
hoy percibo ese silencio, a pesar de todo ante la adversidad.

Es por eso que te digo, que somos en un camino dos que eligen su destino.


08 diciembre 2015

Contra el romanticismo

Cuando uno tiene que escribir escenas de amor hay un montón de recursos heredados de otras de series o películas a los que meterles mano. Una cena a la luz de las velas. Un viaje relámpago a París. Tocarle timbre de noche, bajo la lluvia, con un ramo de flores. Un camino de velas hacia la cama. Una serenata con mariachis. Dibujar su nombre en firuletes de humo en el cielo. Un anillo de compromiso adentro de un postre. Una corrida al aeropuerto a último momento.
Se supone que todas esas situaciones deben enamorarnos. Que las flores, la música, el cielo o París producen un efecto romántico narcótico y devastador en las mujeres. Y digo en las mujeres y no en nosotras, porque a mí no me pasa. Entiendo que si existen, es que en algún punto son efectivas, pero a mí el romanticismo me parece un error: no lo entiendo, no lo siento, no me llega. Ni en las películas ni en la vida. Yo, sin ir más lejos, me enamoré de mi novio por una lata de coca cola.

Hace un tiempo, estábamos en Ezeiza volviendo de viaje a las cuatro de la mañana. Como teníamos mucho equipaje, decidimos pasar por filas separadas para agilizar. Él se llevó las valijas más pesadas y yo me quedé con una chiquita con mis objetos personales y algunas cosas suyas sin mucho valor. Curiosamente, a él con tres valijas de veinticinco kilos no lo pararon, y a mí sí. Me hicieron abrir el carry on, el portacosméticos y el botiquín, me preguntaron por mi computadora modelo 2013, me miraron las fotos del celular, me revisaron las etiquetas de la ropa, y me revolvieron hasta las golosinas del duty free. Objetaron todo lo que pudieron y yo pasé media hora de esa madrugada, agotada y con sueño, buscando las facturas de cada objeto en mi casilla de mail. A pesar de que les mostré los comprobantes, insistieron con que las fotos del celular eran de ese mes, con que la computadora no tenía rayas, con que mi ropa no era argentina. Luego encontraron un gel de ducha de almendras y empezaron a discutir sobre cómo yo había podido subir eso al avión. Les expliqué que no sabía, que nadie me había objetado nada, que si querían, lo tiraran y listo. Estaba harta, que hicieran lo que quisieran conmigo. Al final, no me pudieron cobrar nada y me dejaron ir, pero terminé la noche muy nerviosa, angustiada, algo rara.
Cuando por fin guardé toda la ropa, me volví a poner la campera, ubiqué mi celular y mi pasaporte, y pude salir, me encontré con mi novio parado al lado del mostrador de taxis. Me explicó que él había pasado rápido y que me había perdido de vista, pero que ya había subido todo a un remise y que el chofer nos estaba esperando para volver a casa. Después me dio una gaseosa muy fría sin explicación. Miré la lata y le pregunté por qué tenía una sola y me dijo que él no tenía sed pero que sabía que cuando yo estaba estresada o nerviosa siempre quería una. Nunca lo había pensado pero era cierto. Cuando me pasa algo necesito tomar algo dulce y muy frío. Mientras me la abría, me puse a llorar desconsoladamente. Él me abrazó, me dijo que tampoco era para tanto, que no tenía nada en la valija, que no sea maricona y que me apurara, que era tardísimo. Supongo que el pensó que yo lloraba por los nervios y no por la gaseosa. Creo que tampoco se lo aclaré hasta hoy.

Sé que la gente espera otras cosas del amor. No porque haya tenido grandes historias en su vida, sino porque las películas crearon esa expectativa. El cine nos enseñó que las relaciones están llenas de gestos románticos, imposibles, edulcorados. Que si hay amor de verdad, también hay música, hay flores, hay velas, celofán y fuegos artificiales en el cielo.
Cuando digo que soy guionista de telenovelas, la mayoría de la gente enseguida quiere contarme alguna anécdota romántica con su pareja. Casi siempre las historias incluyen alguna de estas escenas. París. Arrodillarse. Las velas. Las disculpas. Las flores. El champagne. Correr al aeropuerto. La serenata. El anillo en el postre. Tu nombre en el cielo. Algo de toda esa bolsa de recursos y de anécdotas probadas y listas para usar que forman ese conglomerado efectista llamado romanticismo. Yo los escucho y finjo interés (creo que me animé a un llanto falso para una chica que me contó como su novio había dibujado "te amo" con chocolate derretido en el piso), pero sé que nunca voy a usar esos ejemplos porque el amor que a mí me interesa no necesita de subrayados ni de adornos o firuletes. Para mí, el amor es un error, un milagro, un inconveniente. No es una planta llena de flores perfectas, sino que aparece como los yuyos en esa tierra que nadie riega al costado de la maceta.
En la ficción pasa igual. Yo no desprecio el romanticismo por cursi sino por fácil, por falso, por superficial. Porque si algo es para todas mujeres, no es para ninguna. Las escenas buenas, las de verdad, las que le rompen el alma en mil pedazos al espectador no se construyen en esa misma escena sino en todos los momentos que vivió ese personaje desde que nació. En cada decisión que tomó, en cada carencia, en cada vicio, en cada miedo que tuvo. Lo que vuelve inolvidable la escena es que sea única, que sólo ese personaje entienda el sentido que encierra un gesto. Como el trineo de Citizen Kane o como todos los fines de año que Sally y Harry pasaron solos. Para nosotros Rosebud es nada, pero para Charles Foster Kane es todo.
Quizás mi novio y yo no estemos juntos toda la vida. Quizá mañana mismo nos separemos, nos hagamos daño, nos olvidemos del otro para siempre. Pero yo entendí algo de cómo se construyen las escenas de amor en ese momento. Cuando me dio esa lata con una pajita chamuscada yo no lloré por sed o cansancio. Tampoco porque me hubiera dado miedo la aduana. Lloré porque esa lata tenía adentro toda mi niñez solitaria y autosuficiente, la vez que mi madre se olvidó de dejarme la llave en el macetero y estuve sola diez horas en la puerta de casa, cuando estuve frente a una convocatoria de acreedores a los dieciocho años, o más de una década de matrimonio asimétrico con un hombre noble y amoroso que no podía resolver casi nada. Lloré porque esa lata no era esa lata, sino todas las latas que me compré yo sola durante veinte años haciendo malabares con la billetera en una mano y el celular en la otra. Por todas las veces que llegué sola a Ezeiza y tuve que ir a tres cajeros buscando plata para tomarme un taxi. Por las uñas que me rompí cargando sola las valijas. Por todas las veces que miré una intimación de la AFIP sin entender qué decía, por todas las cartas documento que fui a mandar con miedo, por las veces que mi casa se inundó y tuve que sacar el agua con un balde, y por cada vez que le pegué de bronca a la impresora porque se había desconfigurado y tenía que entregar un guión. Lloré porque él sabía más de mí que yo. Lloré porque alguien me dijo "tranquila, ya están todas las valijas en un taxi, vamos a casa". Lloré porque los helicópteros, las flores, las serenatas y el champagne son para todas y si son para todas son para ninguna. Esa lata, en cambio, solo tenía sentido en mi escena

02 diciembre 2015

Chiquitita, tell me the truth
I'm a shoulder you can cry on
Your best friend, I'm the one you must rely on



Chiquitita, you and I know
How the heartaches come and they go and the scars they're leaving
You'll be dancing once again and the pain will end
You will have no time for grieving
Siempre